El Orden De Mi Desorden

Y no amanecerá hasta que no ilumines la función...

    Mi primer contacto con el mundo del artisteo lo tuve bien temprano, de los 3 a los 5 años, con una escoba y un repertorio de tres canciones aprendidas de memoria (La de la mochila azul (Pedro Fernández), Devórame otra vez (Azúcar Moreno) y Bailar Pegados (Sergio Dalma)), con sus coreografías e interpretadas con todo el sentimiento que podía; para un público más bien inanimado e inexpresivo, pero con vida: los árboles del chalet de mis padrinos (Algún día contaré o contarán la bonita relación que me unía a ellos). Nunca conseguí arrancarles un aplauso ferviente aunque tampoco me echaban a patadas del escenario. Reconozco que Dios no quiso precisamente que yo tuviera una voz agradable al oído, pero al menos, gracias a los conciertos que yo trataba de ambientar con mi imaginación, mis tíos y mis padres sabían dónde me encontraba a la hora de la siesta. No corría peligro de que me fuera a la piscina sin permiso.  

    En esa misma época de mi vida, compaginaba mi carrera de cantante botánica, con la de actriz de culebrones. Yo era una madre coraje de un muñeco de trapo roído  y sucio al que le faltaba un ojo, llamado Cheíto, como el de la telenovela Topacio a la que estaba enganchadísima mi madrina, pero al que quería y sentía como un hijo de verdad. Durante las siestas (marcaron mi vida), mi primo mayor y culpable de muchos de mis traumas infantiles, para hacerme rabiar cogía a mi hijo del cuello, y desde el otro lado de la piscina me amenazaba con tirarlo y dejar que se ahogara. Yo, con el sentimiento de maternidad tan arraigado, lloraba desconsoladamente mientras le gritaba, en una interpretación perfecta de madre desesperada:

     -          ¡¡MI HIJO!! ¡¡MI HIJO!! ¡¡QUE MATAN A MI HIJO!! ¡¡AYUDA, POR FAVOR!!  

    Hasta tal punto me merecía un Oscar por aquellos entonces, que los vecinos de alrededor acudían sin demora a mis gritos de auxilio completamente asustados por mis voces. Mi madre y mi tía, no sabían dónde meterse. Y yo, ajena a toda esa vergüenza, seguía con mi pena; y más tarde con la satisfacción de reencontrarme con mi hijo sano y salvo.

    De pequeña, era una niña muy espabilada y con una imaginación que a veces rozaba la confusión entre la realidad y la ficción, como el año que aseguré haber visto a un Rey Mago salir de mi casa y trepar por la pared con su larga capa, después de dejar los regalos. Aun hoy, lo pienso y me parece haberlo visto de verdad. Otra de mis señas, era destacar en la escuela. Tanto por sacar buenas notas como por ser la única niña que jugaba bien al fútbol, o a cualquier deporte que se propusiera.

    Mi interés por la lectura comenzó muy temprano. Aun no había empezado a ir al colegio, cuando mi padre me enseñó a leer y escribir. Siempre que había vacaciones, yo aprendía lo que iba a dar en el siguiente curso. A pesar de las críticas que recibía, es una de las cosas que más me gustaba de mi padre. Se sentaba conmigo y hacíamos cuadernillos Rubio, hasta que lo aprendía todo. Por ello, siempre iba adelantada en mi curso no porque fuera lista, sino por trabajadora. Todos mis profesores tenían un buen concepto de mí y una gran visión de futuro. Por aquel entonces empecé a escuchar la frase que, estas últimas semanas no dejo de escuchar y que a mis 20 años no sé por qué, no termino de creerme: Esta niña llegará dónde quiera.

    Mi primera incursión en el mundo de la literatura escrita fue con ayuda, (de nuevo protagonista de mi infancia, esta vez para bien) de mi primo. Me animó a escribirle una carta a mi abuela cuando estaba muy enferma. Tendría 5 años. Mi abuela paterna, fue una mujer a la que admiré en mi niñez  y de la que tengo aun recuerdos nítidos y claros. No recuerdo su voz o su manera de dirigirse a mi, pero si tengo en mente las tardes que pasaba con ella y su papel, muy llevado, de matriarca y portadora del peso de una gran familia. Jamás he tenido un respeto tan puro por alguien en mi vida. Era tal, que cuando estuvo enferma nunca fui capaz de entrar a verla a su habitación, al contrario que mi hermana o el resto de la familia. No era miedo, sino tal vez, haciéndome consciente sin saberlo de que la muerte existía; no quería que la imagen que yo guardara de una mujer tan fuerte, se viera reducida a verla tendida en una cama y perdiendo la batalla ante la vida. Así que le escribí una carta en la que le intentaba explicar por qué no entraba y cuánto la quería. Mi memoria, no recuerda con exactitud las palabras, y  jamás pude saber cómo se lo tomó, porque llegué tarde a entregársela. Sólo recuerdo la emoción, que no entendía entonces, de toda mi familia y las palabras de consuelo de una de mis tías, diciéndome que la leería allá donde estuviera. He intentado recuperar esa carta, por la conmoción que me causó ver sus caras, pero ha sido imposible. Quizás esa carta aun exista.

    Mi segundo flirteo con el mundo de las letras, fue después de que mi padrino me regalara su máquina de escribir. En un arrebato de grandeza, a mis 7 años se me ocurrió escribir una mini-autobiografía desde el comienzo en el vientre materno. Sólo llegué a escribir el primer capítulo, y no por falta de ideas o de ingenio, sino por el revuelo que llegó a formarse al leerlo. En seguida se hizo público, y lo leyeron muchas personas que se perdían en elogios hacía una niña que empezaba a entender lo que era que se formase una idea tan buena de alguien. Esta niña llegará lejos, empezaba de nuevo a repetirse con mucha frecuencia. Y en mi carácter tímido, el que me reconociesen a la cara mi creatividad o me alabaran, era una situación complicada para mí que hacía que los colores se me subieran muy pronto. Más cuando mi único propósito era que a mis padres les gustase. Pero que presumieran de hija, fue algo que nunca llevé muy bien. No quería convertirme en la típica hija de unos padres que no dejan de presumir de lo maravillosa que es y, luego resulta que la pobre niña es una insoportable. Así que tal miedo me inundó el cuerpo con el primer capítulo que me resultó imposible continuar; y esperé a que todo el mundo se olvidara por si algún día quería retomarlo. Cosa que, por suerte, no sucedió.
 

    A medida que me fui haciendo mayor mi timidez fue en aumento. Cuando me mudé a Sevilla nada quedaba de la niña que se subía en la barra de  La Noria y se arrancaba  a bailar bajo la mirada atenta de todo el mundo. Así que me dio por hacer deporte y me metí en un equipo de baloncesto. Cuando me di cuenta, me había vuelto a hacer “famosa” y destacaba, ya no sólo en mi equipo, sino en los ojeadores de otros. Tal punto eran mis ganas de pasar desapercibida, que en unas pruebas un fin de semana para ir a la Selección (hoy presumo de haber ido), no le dije a mis padres nada de que me habían cogido y así no firmaran la autorización para ir a Granada a jugar; pero en el último momento cuando creí que había logrado mi objetivo, los entrenadores hablaron directamente con mis padres creyendo que había sido un simple olvido por mi parte con fácil arreglo. Los últimos años mi rodilla empezó a fallarme, y aunque me gustase muchísimo, y eso me sirvió de excusa para no seguir adelante. Aun cuando me volvían a repetir, que podría llegar lejos. 

    Todo este rollo que he soltado en un momento, no son más que ejemplos, de los que existen muchos más, que ilustran, a mi parecer, con gran afinación la persona en la que me he ido convirtiendo. Una persona muy negativa llena de miedos y complejos; que no termina de despegar, porque no creen en ella misma. Y me llama la atención, porque no dejan de repetírmelo, que sólo es proponérmelo, que sólo es voluntad, que sólo es querer e ir a por ello. Que lo tengo todo y que sólo me falta dar el salto.

    Y yo, no dejo de atribuir esas palabras de aliento, al amor, el cariño o el aprecio que me procesan esas personas. ¿Cómo puede ser que crean más en mí que yo misma? Que vean en mi un talento que yo no sé reconocer. Quizás las malas lenguas, la envidia o el daño gratuito de personas que se sienten frustradas, han hecho que yo llegue a creerme que no soy capaz.  

    El otro día una compañera de trabajo en una conversación muy personal y casual, me dijo que desde que llegué a la oficina, sólo me escucha decir: no puedo, no sé, no soy capaz, yo no sirvo para esto. Y que sin embargo, ella veía todo lo contrario. Dijo verdades como templos, que aun busco la manera de solucionar. 

    ¿Cómo puedo escuchar y echarle cuenta a quienes me critican por envidia o por hacer daño e ignoro a tanta gente que me dice todo lo contrario? 

    Myrtle me dijo una vez que ella creía que mi problema era el miedo a fracasar. Que si conseguía que no esperasen nada de mi, no recaería sobre mis hombros la presión y responsabilidad de llenar las expectativas que otros tendrían de mi. Y que, precisamente eso hago, dejar claro de ante mano que no soy válida, y así nunca llegaré a decepcionar. Sin embargo, sólo tengo la sensación de que me traiciono a mi misma.  

    Creo que es inconcebible que a mis 20 años me suceda esto, y que tengo que hacerle frente, como bien me decían la otra tarde, a mis complejos. Que no llegaré a nada, si no creo en mis posibilidades; y oye, ¿quién sabe? Lo mismo hasta tiene razón…   

     Nota: Cualquier parecido con la realidad de los hechos históricos aquí vertidos, es completamente normal, pues son todos verdad. Quien utilizara o utilizase mi relación con los seres vivos o mi vocación de artista en mi contra, que se preparara o preparase para el daño físico o moral (depende de la persona y sus características) que pudiera o pudiese sufrir. He dicho. 




   

13/05/2007 16:31. Autor: Dyta. #.

Comentarios » Ir a formulario

Autor: judas

Es un artista el que canta eso de "qué sabe nadie".

Queda dicho, pues.

Fecha: 14/05/2007 00:29.


Autor: Supercoco

Pues... después de terminar de paladear las palabras, déjame que te diga que, al menos, has llegado hasta aquí. Como tu muy bien sabes, yo no espero nada de ti. Sin embargo puedo decirte con total sinceridad que si que puedes llegar allí donde TU DESEES y mas alla (como decía el muñequito de Disney). Tan solo DESEALO. UN Beso.
Bueno debo reconocer que si espero algo de ti, pero tan solo es algo tan grande como tu amistad.

Fecha: 14/05/2007 18:34.


Añadir un comentario




No será mostrado.






Diseño: Blogs Media

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.