El Orden De Mi Desorden

Y ahora lo veo distinto, diferente, raro, extraño darlo todo por perdido...

Era el mismo miedo que sentí una vez, la misma inquietud pero ahora en otra piel, era disfrutar cada minuto de cada detalle de mi juventud. Fue la risa abierta de un atardecer unas manos cargadas de timidez, un impulso lo que me hizo estar aqui. Pedirte callada, quédate a dormir. Aqui no importa nadie, nadie más que tu, perdona si algún dia no te lo hice ver. Tu huella deja en mi más que una multitud un soplo de pasión que me eriza la piel.

Yo intento actualizar y callar las voces de quienes dicen que tengo esto abandonaito, pero aqui blogia pasa un poquito de mi, me desespera y se cierra con frecuencia si llegar a colgar mis post. Si no me cambio de servidor, es por... pereza, seguramente. Tengo que decir que también, la poca inspiración de este último tiempo y la monotonía de mi vida, han ayudado a prolongar mi dejadez.

Ya es oficial: ha llegado el calor a Sevilla, la esperanza de que la ola de frio durara un pelín más se ha desvanecido. El Señor Lorenzo no quiere darnos demasiadas treguas. Encima, por ahí los listillos de turnos dicen que será el verano más caluroso de la historia. Hay que joderse, precisamente el verano que no tengo vacaciones ni puedo huir, voy a morir de desintegración. ¡Qué alentador! Siempre me quedará... mmm... el aire acondicionado??? Ains, ains, prefiero no pensarlo. Me siento tan culpable invitando a mis amigas norteñas al sur, porque es como si las estuviera invitando a morir. Como vengan creo que definitivamente voy a perder su amistad, si sobreviven al calor, me la tendrán jurada toda la vida por hacerselo pasar tan mal.

Vamos a dejar de matarnos, vamos a dejar de mal herirnos, tú por tu camino, yo por mi camino si es que no podemos evitarlo.

Soy una cobardica, lo reconozco. Pero una miedosa graciosa, o al menos, cuando yo lo pienso friamente, me tengo que reir. Pero lo mismo, no solo soy una cobardica, sino que además estoy chapiná.
El primer caso de la dominación de mi miedo fue el "caso Lagartija". Fue duro para mi. Todo empieza cuando en mi casa se tiene la genial idea de cambiarme la ventana y la persiana de mi habitación, hecho que agradezco por cierto porque ya no escucho ruidos de la calle, la luz no me atraviesa las entrañas a horas indecentes y no corro el peligro de abrirme la cabeza en un movimiento descoordinado de mi cuerpo. Sin embargo, aun no se ha colocado la escayola que tapa el agujerito que une mi habitación con el exterior. Agujero puñetero fuente de numerosas visitas que me hacen una triste gracia. Aquella noche maldita, que me duele recordar, sería eso de la una de la mañana, cuando cual persona irresponsable me dirigía a mi habitación (algo desordenado, algo así como el Breska en días de rebajas) veo en mi bonita pared un pequeño animalejo protagonista de uno de mis mayores traumas de la infancia: una salamanquesa, recorriendose toda mi bonita habitación. Presa de un pánico indominable (sí, recuerdas bien en Enero cumplí 20), corro a joderle el sueño a mi madre, quien en una comprensión absoluta me dice que no me preocupe que así no me picarán los mosquitos; pero pienso que es peor un escupitajo del monstruo ese y quedarme calva (eso fue lo que me dijo mi primo en la infancia y se ve que no soy capaz de deshacerme de esa idea). Entonces, de nuevo, en una paciencia y un entendimiento inifinito, me dice que lo mejor es que al día siguiente hable con una inmobiliaria para vender la casa urgentemente y mudarnos. "Si es así, duermo más tranquila, pero por supuesto NO en mi habitación.Ah! y por favor, sácame la ropa para mañana que ahí no entro ni loca".
Ahora lo pienso (cuando ya se ha ido el animalito), y me siento tonta. Pero es algo que no puedo evitar. La culpa de todo la tiene quien la tiene, él no se acuerda pero a parte de lo de quedarme calva, también me dijo un día después de matar a una en el campo, que su familia (la de la lagartija, lo sé, sé lo que estás pensando) me estaría persiguiendo toda la vida. Y hasta los días actuales. Si alguien conoce un buen tratamiento contra esta fobia absurda pero real, que no sea un tratamiento de choque al que me niego por el riesgo que puede sufrir mi cabellera, que me eche una manita.

El segundo caso evidente de mis miedos, es "La puerta puñetera".
La puerta a la que me refiero es la de mi casa. Cual experta perita, mi madre ha concluido que dicha puerta puede ser abierta de una patada por quien quiera. Sumado a las taquicardias que nos sigue creando nuestro querido vecino, llamando al timbre de la puerta a cualquier hora sin ningun escrúpulo, las noches en esta casa son horribles. Lo más curioso de todo es la manera que cada una de las dos desarrollamos para hacerles frentes. Por ejemplo, mi madre cuando escucha un ruido y le entra el cague, no se lo ocurre hacer otra cosa que venir corriendo a mi habitación a hacerme partícipe. No se que pretende porque desde luego nunca tuve yo fama de SuperGirl, es más yo soy SuperWall, porque ante el miedo me quedo quieta como una pared, no se si es que pienso que de repente cual camaleón voy a cambiar de color y me camuflaré entre el mobiliario o algo así, pero el caso es que no soy capaz de moverme. Sin embargo yo, soy mucho más práctica en mi miedo por ruidos. Sin ir más lejos, hace unos días me encontraba yo tan feliz en mi habitación leyendo en la cama antes de dormirme, cuando escuché unos ruidos sospechosos. Rápidamente mi mente actúo de la siguiente manera:
"A ver Dyta tranquila, que los héroes son los tontos de las historias. Si alguien va a entrar por la puerta a robar o por el balcón, pos mira que robe, que para eso pagamos un seguro, y lo mismo con suerte, hasta nos ponen una puerta nueva. Es tontería jugársela. El ladrón no querrá problemas, así que apaga la luz, cierra los ojos, respira profundamente y a dormir. Lo malo es mi madre... ¿qué hago? Ir hasta su habitación a protegerla no va a servir para nada asi que solo me queda una solución... Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, etc,etc". Y con las mismas, apague la luz para no llamar la atención de un posible ladrón, y a dormir. A la mañana siguiente, me sentí culpable y tuve que ir a contárselo a mi madre, aunque en realidad lo hice por comprobar que ni había robado nadie y que mi madre se encontraba en perfecto estado. ¿Qué quereis que os diga? Es solo instinto de supervivencia.
Esto me recuerda a un sueño que tuve en el que mi madre se caía a un lago y empezaba a comérsela un tiburón y mientras me pedía socorro, yo le decía: "Mamá si yo me metería a rescatarte, pero es que vamos a ser racionales (jajaja, esto me hace gracia, como si pudiéramos ser racionales en sueños), si me meto y el tiburón me come es que me estoy muriendo en la vida real, y sin embargo, si te come a ti y te mueres, te estoy alargando la vida, asi que mejor me quedo de este ladito, vale??(qué daño nos ha hecho el "saber" popular)". Mi madre del sueño lo entendió perfectamente, pero la de la de carne (poca, q es mu delgadita) y hueso, le costó más digerir la sutil traición.

Ahora que lo pienso, ¿tan mala persona soy? No, yo creo que no. Tú en mi lugar seguro que harías lo mismo, y si no, mucha suerte =P

09/05/2007 13:38. Autor: Dyta. #.

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