Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
Resumen
- 01/11/2006 23:02 - Mi Halloween Personal
- 08/11/2006 14:13 - Las cosas claras
- 08/11/2006 20:24 - ¿Soy yo la rara?
- 09/11/2006 11:52 - Mamá está al llegar
- 10/11/2006 14:08 - Bendita Sanidad Pública
- 12/11/2006 13:43 - La doble vida de la Otaku
- 15/11/2006 14:04 - Y mira que lo intento...
- 15/11/2006 20:06 - Lluvia de Estrellas
- 16/11/2006 13:43 - Ya aprenderé, o no...
- 17/11/2006 00:28 - Del siglo pasado
- 17/11/2006 14:12 - Sin sentido
- 18/11/2006 12:07 - Y nada cambiará
- 19/11/2006 15:15 - Adios moto, hola coche!
- 21/11/2006 13:24 - Metamorfosis
- 23/11/2006 23:07 - Una Simple Historia
- 25/11/2006 22:02 - Al toro, por los cuernos
- 25/11/2006 22:54 - Aclarando dudas
- 27/11/2006 13:10 - La Navidad ya está aquí
- 30/11/2006 10:54 - ¡Qué razón tenía!
Mi Halloween Personal
No. No salgo de fiesta ni me disfrazo ni celebro nada hoy, (tampoco es que esto sea muy propio de mi). Se que mis queridos (y detractores) lectores estaban esperando un post de la “super juerga” que debía de estar corriéndome esta noche. Pero no voy a dar ese placer porque simplemente, no puedo. Mi salud está bajo mínimos, y ya es la tercera vez en este mes. No puedo seguir así. Lo sé, podría ir al médico, pero todo el mundo sabe que soy demasiado floja.
Odio estar medio enferma y no terminar de cuajar del todo la enfermedad. Me quita un tiempo valiosísimo que necesito como el beber (porque el comer en mí, es más un vicio que una necesidad… lo siento mamá). Y es que esta carrera tan difícil como desconocida que he elegido no sé muy bien por qué, no es precisamente para dejarla aparcada por un simple resfriado, pero es que claro, si fuerzo la máquina al límite, me pongo peor, con lo cual pierdo más tiempo y mi agobio aumenta… y así es imposible. Creo que tengo que aprender a relajarme, si digo la verdad, escribir me relaja (aunque haya gente que no lo entienda), lo que pasa que puede convertirse en un vicio peligroso, aunque este es de los sanos. Que peores son otras dependencias… ¿no?
El caso es que en realidad, aunque no salga de fiesta, tengo mi propio Halloween en casa. No hace falta que nos disfracemos. Por un lado estoy yo que tengo aspecto de zombi, así sin maquillaje ya poseo el color amarillito en la cara, los ojos brillantes y ando como si me pesara el alma. Vamos, un asco. Y por otro lado tengo a mi compañera Otaku, con sus vestimentas raras y negras, tipo vampira, sus pelos sucios (no toca ducha hasta mañana) y sus extrañas costumbres. La única que se salva es La Malota, pero vaya, hoy damos miedo.
Así que nada esta zombi, se va a ir un ratito con Umberto Eco (El nombre de la rosa) y luego intentará descansar un poco. Aunque digo yo que tiene que estar difícil cuando me he pasado todo el día en posición horizontal, pero bueno...
Por cierto, como ya que se que muchos después de esto, colapsaran mi móvil preocupándose por mi estado de salud, advertirles que a NADIE se le ocurra hacerlo antes de las 12 de la mañana del día siguiente, ¿vale?
Las cosas claras

Hace días que no escribo, aunque creo que dejé bien claro que sería más o menos constante, estos días me he visto un poco saturada y apenas he tenido tiempo. Aun así varias personas me han llamado la atención. Os estoy mal acostumbrando, ¿eh? ¿O es que vosotros no teneis más cosas que hacer?
Otra de las razones por las que no he escrito ha sido porque he tomado conciencia de quienes, posiblemente me estaban leyendo, a parte de las personas a las que yo misma di la dirección. Eso, me ha empezado a coartar un poquillo. Y me ha parecido horrible. Me explico, mi afición por escribir es desde siempre. Nunca he dejado de hacerlo, pero nunca se lo he ensañado al personal, a excepción de Dory quien custodia todas mis creaciones (algunas mandadas a traición a concurso) desde hace años, pues espera hacer como hizo el "amigo" (por así decirlo) de Kafka (creo recordar) que cuando el artista murió, se forró publicando escritos. Pobre ilusa. ¿Quién soy yo para matarle sus ilusiones si ella se conforma con tan poco? Además, humildemente tengo que reconocer que eso me sube un poco el ego, que nunca viene mal.
Para mi este blog era el desafío de vencer esa timidez intrínseca en mi, y compartir lo que hago. Que no digo siquiera que sea digno de leer, pero oye, entretiene un poco. Escribir es una buena afición, además a mi me sirve para expresar aquellas cosas que no soy capaz de decir con la voz, además ha sido la mejor terapia en los momentos menos amables de mi vida. Me ha ayudado bastante a saber quien y cómo soy. Así que no me arrepiendo ahora de enseñar, a todo aquel que se interese, lo que escribo aquí.
Yo no quiero verme cohibida, como siempre he estado, a decir lo que esperan que diga en lugar de lo que quiero decir. O sea, lo políticamente correcto. Como dijo Alfred Adler (apunta Espasa): Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos. Pues eso me pasa a mí. Me mato a defender siempre que tengo ocasión, que las personas deberíamos ser libres y no limitar nuestros movimientos al "qué dirán o qué pensará la gente", cosa bastante triste a mi parecer, así que a estas alturas no me puedo permitir faltar a mis propios principios (lo se, los humanos somos muy frágiles), o al menos, no tan joven. Y tengo que reconocer que durante muchos años de mi vida, ha sido así. Una cosa era lo que me gustaría haber hecho, y otra bien diferente lo que hice por "miedo" o por contentar a todos. Porque a fin de cuentas, llegué a la conclusión de que lo que no haga yo por mi misma no lo hará nadie. Tengo que vivir mi propia vida y aprender de MIS errores. Y que por favor, nadie confunda esto con soberbia o egoismo.
Siento mucho a quienes no les guste que mis escritos estén expuestos a que lo lea todo aquel que tope con esta página y me entristece un poco quienes lo lean solo por comprobar que no cuento cosas "importantes". Porque he decidido que yo seré mi única censura. Por tranquilizar un poco, diré que no voy a insultar ni faltar el respeto a nadie, no es mi estilo. Yo vivo, dejo vivir y dejo constancia de ello, simplemente. Opinar, aun no está prohibido. Y daño, no le hago a nadie.
Agradezco mucho a los que me dejan sus comentarios, incluso si son críticas, porque me animan a seguir. No hay nada peor que escribir para alguien que solo te devuelve silencios. La cosa es que me resulta divertido ver cómo algunos se sorprenden de leer algo que no esperan, porque no están acostumbrados a ver esa parte de mi. Todos desarrollamos diferentes roles dependiendo del ambiente social en el que nos movamos, ¿no? Hablando claro, yo no soy la misma Dyta cuando estoy con mis amigos que cuando estoy con mi familia. Sin, por supuesto, dejar de ser yo. Para mi es todo un reto unirlas a todas y dejar ver lo que realmente soy. Unos días estoy más feliz, otros más tristes. Unas veces veo la parte divertida de las situaciones, y otras me pongo a delirar sin sentido como una joven a la que le quedan muchas cosas por aprender.
Quería dejar muy claro dos cosas; en primer lugar que voy a escribir de lo que en el momento de teclear me de la gana, sin pensar ni un momento qué pueden pensar de mi, incluso, luego os doy la oportunidad de que me lo expreseis. Porque me parece algo hipócrita criticar a las espaldas, sinceramente. Y en segundo lugar, que a quien no le guste, que no lo lea.
Al escribir proyectas un mundo a tu medida
¿Soy yo la rara?
En el artículo anterior puse una frase que dijo un psiquiatra austríaco que la primera vez que la lei me impactó, y se convirtió en una de esas frases que haces parte de ti y la incorpporas a tu lenguaje. Ésta en cuestión es: Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos. A mi me parece que aquí el señor, no podía tener más razón, tristemente, por supuesto.
A veces me han definido como extremista y cabezota, y seguramente solo sea culpa de mi juventud, pero yo reconozco que lo soy. No todos es blanco o negro, y no puedes decir de este agua no beberé. Pero hace ya bastante tiempo que procuro vivir como pienso, y no dejarme llevar por la corriente. Es decir no solo defiendo la idea, sino que vivo acorde a ella. Además, estoy muy orgullosa de esa cualidad, si se puede llamar así. No me gusta hablar en bano ni por quedar bien. Que eso no se debe confundir con no tener respeto, son temas diferentes, el contenido y la forma. Me parece que es primordial ser sincero con uno mismo. Un claro ejemplo de que soy así, está en que, en parte, estoy aquí en el Norte por seguir mis principios.
Sin embargo, el hecho de que este pensamiento sea lo que más me impacta y me gusta descubrir en las personas que conozco, no quiere decir que sea lo que en realidad ocurre. Desde luego, me parece penoso cada día ver que estoy en un mundo lleno de hipocresía. Ya no quedan personas auténticas, o al menos, se esconden bastante bien de mi. Se le tiene tanto miedo a señalarse o a perder la comodidad de la que se goza, que ya nada nos llama a rebelarnos contra lo que no estamos de acuerdo. La mayoría callan o aceptan sin más, y ya se desahogaran por detrás. Me parece muy triste. Es lo que más me decepciona de una persona.
Hablo de esto en estos momentos, porque estoy un poco indignada por culpa de dos personas de mi clase en concreto, aunque no dejan de ser dos ejemplos simples de lo que suele ser lo cotidiano. A ver, no me va la vida en ello, pero encienden mi alarmita temporalmente. Los dos me hacen una gracia tremenda. Uno de ellos opinó que no se deberían hacer parciales de las asignaturas en mitad de un debate entre todos para ver si le proponíamos al profesor que nos pusiera uno. Aunque, no es que solo opinara, si no que nos reprochó a todos que la Universidad no era el bachiller. A mi me pareció genial que el votara en contra, pues tenía todo su derecho. Lo que pasa es que se explayó demasiado proponiendo un nuevo sistema educativo, quizás el que a él le hubiese gustado. ¿Y todo para qué? Para luego ser el primero en presentarse a todos los parciales. A ver, si no estás de acuerdo y eres capaz de decirle al profesor que un examen por asignatura, ¿por qué no te presentas solo al final y dejas de intentar joder a los demás?
La otra persona, aun me saca más de mis casillas, porque es la típica simpática con todos, con buenas notas y encima activista con la causa ecológica. Aunque mucha defensa, pero a la hora de la verdad, nos comemos con papás todos los ideales con los que tanto damos por culo siempre que se puede. En concreto en una práctica donde tenemos que abrir en canal a una rata (yo aun no la he hecho, la hago el viernes... argg... cada vez estoy segura de que me equivoqué de carrera). Resulta que la tipa se niega a matar al animalito, y se va a un rincón de la clase defendiendo su postura. Eso sí, más tarde, se acerca como la que más a tomar apuntes y ver cómo lo hacen los demás y qué conclusiones sacan. Esto... ¿de qué vas? ¿Tienes miedo a que el profesor vaya a preguntar algo y no lo sepas? Aunque eso sí, acabas de colgarte la medallita y has dejado a todos boca-abiertos por tu defensa. Un poco patético, ¿no? Bajo mi humilde opinión... A mi no me la cuelas, listilla.
En fin... que me parece un poco triste, la verdad. Pero total, está visto que ahora se lleva más el parecer que se es que ser simplemente. Aunque reconozco que ser, no es simple.
La verdad es que si yo soy la rara, prefiero serlo que ser como gente así. He dicho.
Mamá está al llegar
LLegará dentro de una hora si no está ya intentando entrar en esta pequeña ciudad, porque mira que es complicado hacerlo. La excusa de la visita es acompañarme al médico, y ya le vale. He tenido que batallar con La Matriarca, de la que he escuchado que ya soy muy mayorcita como para que me acompañen. Y tiene razón, lo soy, y podía ir perfectamente pero... ¿cómo privar a mi madre de hacerme una visita? Y es que la muy lista se lo monta genial diciendo que ella tiene que estar presente, y yo quedo fatal por hacer recorrer a mi madre cientos de kilómetros. Porque la cuestión es esa, yo hago que mi madre venga.
A mi me parece genial su visita, ya que yo no puedo bajar. Además me ha prometido homenaje después de un examen que tengo el viernes (que la verdad, no sé que vamos a celebrar, porque al paso que voy...). Aunque nada puede superar los homenajes que nos montamos madre e hija en casa. Otra de las razones por las que estoy deseando que venga es que seguramente cuando entre a mi casa, me pondrá pegas de cómo tengo la habitación, de cómo ordeno la ropa o de que tenga o no echa la cama. Y entonces será la primera vez que pueda decirle claramente: "Esta es MI casa con MIS normas y mientras estés en MI casa tendrás que atenerte a MIS normas"... ains!! No sabe nadie las ganas que tengo de poder responderle con lo mismo que ella no para de decirme a mi cuando vuelvo a mi casa, o sea, a SU casa
Pero todo de buen rollito, ¿eh? Que a ver si se va a enfadar y luego me va a soltar que lo que trae es SU dinero y pagará SU comida, y comprará SUS cosas y me quede yo con cara de póquer, por chulita. Así que mejor se lo digo el último día, no vaya a ser la fastidiemos.
Me ha estado llamando todas las noches, de todos los día de esta última semana y parte de la otra; para preguntarme:
-¿Qué me llevo?
-Mamá, no lo sé... ahora hace fresquito, pero no demasiado.
-¿Podré estrenar el bisón? ¿Me llevo las botas catiuscas?
-No mamá, hace fresquito y no llueve, no te esperes gran cosa.
-¿Crees que nevará? Mira que si nieva, qué ilusión! ¡Ojalá!
-Mamá! Hace FRES-QUI-TO.
Después de tener esta conversación constantemente me dan ganas de decirle a La Matriarca: "Sí, mi madre está muy preocupada por acompañarme al médico, qué mala hija soy por hacerla venir, ¿eh?".
Lo malo es que la pobre se va a llevar un chasco tremendo, porque esta linda y limpia ciudad, ha amanecido FRES-QUI-TA, con un Sol espléndido en lo alto del cielo y sin ninguna nube. Parece que el tiempo debía saber que venía ella y ha cambiado sus planes de los últimos días. Me da pena, va a pensar que está gafada o algo.
En fin... ahora me tocará aguantar que me diga que si estoy más o menos gordita, que si me tome las vitaminas de no sé qué, que me eche la crema de no sé cuántos, etc... pero, ¿qué queréis qué os diga? Que madre no hay más que una... y la mía está en camino, ¡¡¡BIEN!!!
Bendita Sanidad Pública
LLevo toda la mañana preguntándome, ¿qué haríamos sin estos funcionarios tan simpáticos que con tanta amabilidad te atienden? Estoy tan contenta de ver que en un ambulatorio u hospital desde el celador, pasando por los administrativos y hasta el especialista están tan felices con el papel que desempeñan en beneficio de los pobres pacientes, que no puedo dejar de sentirme en paz con la Sanidad Pública Española. Yo no puedo llegar a entender cómo hay gente que se queja, vamos, bajo mi punto de vista es que no deberían ni existir las hojas de reclamaciones. Da gusto pasar toda una mañana rodeada de gente tan amable. Que tú llegas con una cita que te dieron hace dos meses, haciendo a tu familia recorrerse 800km en un día, y resulta que se olvidaron de avisarte que te la cambiaron para una hora antes, ¿crees que ellos tienen la poca vergüenza de decirte que no te atienden por llegar con una hora de retraso? ¡¡No, por Dios!! Asumen a la primera, y sin hacer que te marees mientras te van mandando de ventanilla en ventanilla pasandose el mocho hasta llegar a la supervisora, todo error y te pasan consulta lo más rápido posible, por las molestias del cambio. Es un gusto desde luego tratar con gente así. Vamos que si llegas de mal humor, ellos te lo quitan en seguida.
Y es que los pacientes no tienen ninguna culpa de fallos administrativos, y los médicos y las enfermeras, que no pueden estar más satisfechos de su trabajo, lo saben y si hiciera falta se quedan horas extras hasta que lo terminen, que si luego tienen que pedir explicaciones, ya se las piden al director o al máximo responsable. Pero su regla de oro, seguida al pie de la letra, es no pagarlo con una pobre chica que solo quiere que le digan de una maldita vez qué es lo que le pasa a su rodilla que no le deja hacer nada. Son unos cielos. Ains!! Si es que la gente se queja por puro vicio, señores.
En fin... Por suerte llegué a tiempo a abrir la rata. Pero es que, ¿qué se creían estos funcionarios? Fueron a topar con La Inspectora que hasta estuvo a punto de enseñar credencial andaluza que valer no valdría de nada, pero prestigio si que da en el gremio, vamos un show. A favor de ellos, diré que tengo que reconocer que es el primer traumatólogo que parecía desempeñar bien su trabajo. Me exploró bastante bien, hasta me hizo daño de todo lo que me tocó (entendemos que se limitó a mi rodilla únicamente). No como el último que me dijo sin cortarse un pelo que algún día me levantaría de la cama con los años (10 o así) y ya no me dolería, por obra y gracia del Espíritu Santo, que tan bien se lleva con él. El caso es que me inyectó algo en la rodilla (aun me duele), él cree que es el tendón (ya lo contará con pelos y señales la propia Inspectora), un tratamiento con un antiinflamatorio durante dos semanas y a ver la evolución. Si mejoro, perfecto, si no tendré que hacer rehabilitación y una resonancia.
Así que nada, dentro de dos semanitas a visitar de nuevo a mis amiguitos del ambulatorio norteño. ¡¡Ains!! ¡¡Qué ganas tengo!! Si es que no hay un plan mejor...
La doble vida de la Otaku
La Malota y yo aun lo estamos flipando. Nos ha cogido por sorpresa y en el momento no supimos reaccionar. Le hemos dejado una nota en la puerta de su habitación que cada vez que leemos nos deja con la misma cara de tontas. Nos parece tan increible como que mi madre venga a verme y nieve. Algo imposible. Yo no estuve en el momento de los hechos, porque estaba en el bar de Café Quijano filosofeando con mi madre después de algún que otro cubata. Pero en cuanto llegué a casa, La Malota, no me dejó ni quitarme la chaqueta y enseguida me lo contó todo. Nos sentamos en el sofá, y mirando al infinito no dejamos de decir "¡Qué fuerte!".
Para poner un poco en situación, La Malota y yo, convivimos con una chica un poco excéntrica que es Otaku (por ello, y por no herir sensibilidades pues podría denominarla de muchas maneras, ya que razones no me faltan, la llamaré así, La Otaku), que ahora mismo se encuentra volando hacia Japón a pasar unas lindas mini-vacaciones (que para nosotras es como un respiro, jaja, y nunca mejor dicho). El año pasado estuve todo el año conviviendo con ella, y en todo ese tiempo jamás (y no exagero), le ví un simple y triste amigo o amiga, más allá de nuestro grupito, con el que tampoco se relacionaba mucho. No salió de casa casi nunca, siempre encerrada en su habitación viendo pelis manga y anime. Este año la cosa no ha pintado diferente desde Septiembre, es a lo que nos tiene acostumbradas y no esperamos un cambio radical tampoco. Quizás por eso nos ha impactado más aun.
Pero vamos a los hechos, resulta que ayer cuando salí La Malota se quedó sola en casa, y al ratillo alguien llamó a la puerta. Ella se pensaba que era yo que me había dejado la tarjeta y había vuelto a por ella. Pero cuál no sería su sorpresa, cuando al abrir la puerta se encuentra a dos maromos (dice que uno para darle de comer a parte, pero otro no estaba tan mal, daba para un avío) que le preguntan si es en este apartamento donde vive la Otaku, describiendo perfectamente cómo es, qué estudia y su lugar de nacimiento. La Malota, solo pudo contestar un simple "si...", apenas sin creer que fuera posible que estuvieran preguntando por ella. Cuando se repuso un poco del shock, les dijo que se había ido a Japón. Y los susodichos en cuestión, le pidieron que cuando regresara les dijera que fuera a verlos a su casa. La Malota asintió perpleja, y me contó toda preocupada que ni le dio tiempo a reaccionar y sacarle a los muchachos de qué la conocían.
Así que sin salir de nuestro asombro, nos tiramos como horas cavilando posibles explicaciones para entender cómo una persona que no sale de las cuatro paredes de su habitación, tiene ese poder de convocatoria con el sexo opuesto. Y solo hemos llegado a una conclusión, La Otaku, nos la ha estado pegando todo este tiempo y seguro que tiene una doble vida. Esta chavala en lugar de pasarse los día en su habitación se escapa nocturnamente sin que nos enteremos y lo mismo tiene una vida social más completa que cualquiera de nosotras en nuestros mejores tiempo. Ya decía yo que el corsel ese que se compró el año pasado tipo mujer fatal con un toque sado y esos guantes negros hasta los codos, no eran para dormir. Y la tía, haciéndonos creer que iba de introvertida con esas camisas de camionero, esas camisetas negras por la rodilla y ese peinado cual personaje de comic japonés. Pá habernos matao...
En cuanto salgamos del estado catatónico en el que nos encontramos, vamos a ir a la habitación de estos chicos a enterarnos bien de qué va el asunto, que algunas estamos muy interesadas en la vida de los demás (pero de buen rollito,¿eh?), y no podemos quedarnos con estas dudas tan grandes, que luego todo va al estómago y la fastidiamos.
Y en cuanto aterrice de tierras niponas, le quedará por pasar un examen exhaustivo que ni los de aduanas. Esta nos lo cuenta todo o no ve House más en su vida (o mientras yo esté por aquí). Que una ya está muy mayor para que le engañen de esta manera...
Mientras tanto le haremos una visitilla a los simpáticos chicos que tan interesados están en esta chavalilla. Aunque, vete tu a saber, si luego descubrimos que la doble vida que lleva es demasiado impactante para nosotras y no nos sobreponemos del susto... Esto me hace pensar en estos momentos... ¿es la ignorancia la felicidad? En este caso no lo sé, pero mi curiosidad, juro que es más grande!!!!!
Y mira que lo intento...
Hay veces que me levanto dispuesta a vivir de la mejor manera posible el día que me queda por delante, aunque mi ánimo no sea el mejor del mundo. Me propongo hacer el esfuerzo de no llamar la atención y cumpliendo los objetivos que me haya marcado, si es que lo he hecho. Después de mentalizarme de todo eso, salgo por la puerta. Y ahí empieza el mal día. Al bajar por las escaleras y encontrarme a las amables limpiadoras; ya me doy cuenta de que no va a ser fácil. Llego a clase tarde, aun habiendo salido 5 minutos antes de lo habitual, entonces me pregunto si es que en lugar de las 9 empiezan a las 8:30 y no me he enterado, que no me extrañaría nada. A partir de ahí, debe ser el aura negra o las malas influencias de una mala noche que transpiran por mi piel, pero todos lo notan y ayudan a que todo vaya de mal en peor.
En esos días solo me apetece llegar a mi casa cuanto antes, distraerme con algo y sobre todo poco contacto humano, porque por más voluntad que le pongo a salir del agujero, me van a seguir metiendo, asi que... Muerto el perro, se acabó la rabia. Yo se diferenciar cuando le estropeo el día a alguien de cuando me lo estropeo yo misma de cuando me lo estropean. Y una que es 0 en paciencia, termina explotando y mandando a todo el mundo a darse un lindo y fresco paseo. Dudo de todo lo que me cuentan, le saco la punta a todos los lápices y pongo todos los puntos sobre las ies. Si hasta las 5 de la tarde me han estado estropeando mi buen propuesto día, a partir del estallido, cuidado conmigo que vengo dando caña. ¡Así es imposible! Tengo fama de borde y de desagradable, pero por más que me propongo quitarme el dichoso cartelito, no puedo. ¡No me dejan! Esta vida no está hecha para los que tenemos buenas intenciones.
Así que no equivocaros, no es que yo sea una persona a la que tienen que darle de comer a parte, es que mi sensiblidad debe protegerse de tanta hostilidad, y este es mi mecanismo de defensa.
Hoy no estoy pá nadie...
Lluvia de Estrellas
Será que mi prima la del traje rojo debería venir a visitarme (ya se está retrasando demasiado), o será que estoy nostálgica, o será que estoy novelera... pero que me he enterado que en la madrugada del 18 al 19 de noviembre, va a haber una lluvia de estrellas. Concretamente Las Leónidas, y parecerá una locura, pero me siento un poco romántica y aunque la hora es inhumana, voy a levantarme para disfrutar esa media horita de tanto espectáculo. A mí estas cosas me emocionan. Pero ya dicho que debe ser por mi estado de ánimo actual, porque en realidad, no soy de las que suele ver los cometas que pasan cada X años, ni los eclipses, etc.
Además se lo he propuesto a La Malota, y le parece genial. Este año gozamos de un apartamento con unas vistas muy buenas, y este fin de semana lo vamos a aprovechar. Ains! ¡Qué ilusión! De todas formas, hemos pensado en vestirnos y salir al campo de fútbol de en frente (donde tuve mi primera experiencia con la nieve!!), aunque a esas horas el frío puede ser tal, que se nos va a congelar hasta la sangre. Yo no soy nada supersticiosa, pero pienso pedir un deseo por cada estrellita que vea, porque tengo yo muchos asuntos pendientes de un empujoncito de suerte para que se realicen, y si cuela, oye, eso que me llevo.
Desde luego espero que la cosa sea bonita, porque como yo me levante a las 5 a.m. con este frio polar y no deje de mirar al cielo y no vea ni un triste resplandor, voy a acordarme de toda la vida y milagros de más de un listillo que anda por el mundo. En fin, ya os contaré...
(No preocuparos, he puesto la alarma del reloj, no voy a quedarme dormida!!!)
Ya aprenderé, o no...
No sé por qué nunca aprendo. Esta semana está siendo una cuesta arriba infinita. ¿Por qué me complico tantísimo? ¿Por qué no vivo sin más? No, yo siempre estaré buscando los tres pies al gato e inconscientemente, puesto que pierdo todo el control sobre mi, hasta que no lo consigo y algo estalla, no paro.
Hacía tiempo en mi que se gestaba una pequeña discusión que había estado obviando. Será mi cobardía o que en caliente a ciertas personas no les puedo decir nada porque tiene un efecto contrario, y me hago un daño innecesario, pero ese día ha tenido que ser justo hoy, y de la manera más tonta. Yo estaba de buen humor, y viendo que se acercaba un temporal que hacía tiempo me estaba tocando un poco la moral, intenté dejar caer que no me gustaba esa actitud. Mal. No era el momento ni la forma, la gente no está acostumbrada a que cuando tengo buen humor diga lo que no me parece bien de otra persona. Parece que tiene más credibilidad decirlo cuando estás justamente enfadada o dolida. Sin embargo yo, en esos momentos, no puedo, porque la emoción por dentro es tal que puedo decir cosas de las que luego me arrepentiría. Así que prefiero decirlas en frío. Lo negativo, es que como mi mente es selectiva, pues sólo me acuerdo de lo que sentí en el momento, no de lo que hizo que me sintiera así. A ver, lo siento, no tengo un cuadernito donde apuntarlo todo. En el fondo son pequeñas cosas que por sí solas, carecen de peso, pero cuando se van juntando se convierten en una gran bola que ya no me deja ser indiferente. De esta manera, no puedo dar unas explicaciones razonables, y eso juega muy en mi contra.
En realidad me pasa por tenerle aprecio a la gente, en el fondo soy una blandengue a la que le importa demasiado el personal y no le gustan las peleas innecesarias. Pero señores, me estoy cansando, y esto va a empezar a cambiar. Porque yo cada vez me voy sintiendo más pasota. Antes era muy pasional, muy visceral... y todo me afectaba muchísimo, hasta tal punto que como no arreglara el conflicto mi salud física se resentía. Ya no. Ahora lo dejo estar. Y si se acabó, pues fin.
Tengo que aprender a no esperar nada, y evitar que me molesten ciertas actitudes. Aunque en el fondo, yo lo veo una prueba de aprecio. Si alguien que se supone que te importa hace algo que a ti te molesta es normal sentirse dolido, y en consecuencia decírselo. Aquellos, que lo hacen por las espaldas... pierden mi respeto. Sé que en el momento que deje de sentir esto, esa persona ya no me importará.
Al caso, da igual, no tiene importancia. Ahora lo importante es saber si estos pequeños roces se superan, eso enngrandece la relación de las personas en cuestión. Si eso no ocurre, tb se demuestra con ello la valía de la persona. Y yo, personalmente, quiero gente auténtica a mi lado.
Del siglo pasado
No sé a ustedes, pero llegados a este punto intentar sacarle humor a las diferencias entre hombres y mujeres mediante los tópicos de siempre, me parece algo pasado completamente de moda. La gente no se entera que ya no hace gracia, si es que la hizo alguna vez. Esta sociedad está cambiando, o debería, y aunque el paso es bastante lento, yo tengo la esperanza de que no nos hayamos parado; aunque a veces parezca que nunca nos movimos. ¿Por qué no reflejamos la evolución y siempre recurrimos al chiste fácil?
Todo lo reducen a la típica mujer que tiene un humor de perros por culpa de la regla, que le pierde salir de compras y que no deja de ser una falsa con sus propias amigas. Mientras que los hombres son todos unos pasotas que solo piensan en el fútbol, en practicar el sexo y tomar unas cervezas. Siendo la mujer clasificada como retorcida y el hombre como simple. Aburre un poco, ¿no? Personalmente, la regla no me pone de mal humor, recurro a la química y como nueva (vale, no lo hago mucho, prefiero quedarme en cama). Salir de compra es todo un reto para mi, y me tengo que mentalizar unos días antes, en general, me destroza física y psíquicamente; y por último no soy nada falsa con nadie, ni con mis amigos ni con los desconocidos. Sí, me considero complicada, pero no retorcida. Como yo, hay muchas por el mundo. Y los hombres que conozco, por suerte tampoco son así sin por ello perder su virilidad. No se puede generalizar, porque hay gente para todo, pero ya el tema raya demasiado.
Y yo me canso. Porque si salgo a tomarme algo y me meto en un bar a ver un monólogo, y me cuentan la misma milonga de siempre sobre el macho ibérico y la mujer española, me aburro. Si el tío le grita al micrófono y me revienta el tímpano, me cabreo. Si me atiende una pava más torpe que fea (que ya es decir), me desespero. Y si encima me cobra la tipa la coca-cola a precio de cubata y le cuesta hacer la cuenta, ya me jodieron la noche (nunca perdamos de vista los genes dominantes).
La verdad es que no mereció la pena la espera para ver semejante aburrimiento. La gente ya no es nada original ni creativa. Así que nada, cogimos las cazadoras y nos prometimos no volver a menos que cambien al madrileño graciosillo, que creo que con gustarse a sí mismo, se sobraba; y bebamos agua del grifo, que la vida está muy cara y yo ya estoy pensando en ahorrar para mi propia vivienda digna, que ya cansa eso de vivir con tu madre... Bueno, vale lo reconozco, me ha salido caro el post del otro día.
Sin sentido
Tengo muchas ganas de escribir aunque no sepa muy bien qué decir. Estoy interiormente alterada y nada me para, nada me calma. Este escenario se me está quedando pequeño. Me noto como si lo viviera todo desde fuera, como si controlara mis movimientos desde la distancia. Sólo un personaje más, que interactúa con la realidad que ahora le rodea. Hace frío detrás de la ventana que me protege. Las vistas son muy buenas, pero siempre las mismas. El mismo árbol que se agita con el viento y el color del cielo es lo único que cambia, hoy se aprecia un gris azulado. Parece que todo está en calma, de tanto en cuando se escucha una puerta que se cierra en los pasillos.
La televisión está encendida, aunque nadie está viéndola. Su estridente sonido me protege del silencio absoluto que odio y deseo, a menudo. Una montaña de folios a mi vera me recuerda mi deber, pero ahora no puedo. Me noto pesada, y tengo sueño. He tomado la manía de levantarme temprano con la luz del amanecer. En mi casa lo odio, y aquí lo provoco. No me entiendo, pero ahora tampoco me molesta no hacerlo. No me acuerdo de nadie, estoy lejos de todo y me cuesta volver, me da pereza volver, ahora nadie me espera. Pero no me molesta.
Necesito una ducha, cerrar mis ojos y notar el agua templada empapándome. Así me despejo, así me transformo. Hoy no me importa no ser lógica o no hacer un post en clave de humor. Quizás más tarde, ahora rescato incoherencias de mi cabeza para apaciguarme. No me llames, hoy no quiero radiaciones, si coincidimos, perfecto.
No estoy mal, no estoy triste. Al contrario me siento viva pero aburrida, pierdo tiempo y energías. Busco algo diferente que ni llega ni llegará. Pienso demasiado, y me quejo más. Así que dejaré de hablar sin sentido un tiempo, escucharé más a los que tengan algo que decir; no me juzgues, sólo respétame. Abre tu mente, estaré atenta a las señales. Pero no te preocupes por mí, mi sonrisa no se ha borrado de mi rostro, pero ha perdido la intención o sólo la esconde. No me importa lo que pienses, o solo me repito que no me importa por qué en realidad no sé qué piensas. ¿Me afectaría? Muéstramelo.
Y nada cambiará
Ayer me fui a la cama odiando a mis antepasados, a todos aquellos que que no respetaban las distintas culturas, a quienes esclavizaron, torturaron, violaron y mataron en nombre de un Dios o del poder; a quienes se enriquecían a costa de vidas humanas, de seres que no tenían nada. Era sólo una película, pero fue una realidad que se nos olvida. Me apenó pensar, que no justificar, que si las tornas hubiesen estado cambiadas, hubiera pasado igual, porque el poder corrompe. Todos tenemos un precio y a veces, sólo es cuestión de superviviencia. Pensé en el presente, en la realidad de hoy en día; aun se siguen comentiendo barbaridades inhumanas en nombre del poder, de religiones,etc. Hay muchas miserias y cada vez menos esperanza. Sentí que tengo un lugar privilegiado que a menudo no valoro, que el que yo esté aqui y tenga las oportunidades que tengo, es en parte, gracias todo eso. Todos sabemos que las diferencias convienen. Me sentí impotente por no saber hacer nada, y me sentí una mierda por el bienestar que despreciamos y que otros no tienen.
Pero eso fue ayer. Hoy me siento oportunista, tal vez demagoga. Hoy mi odio es contra mí, contra mi indiferencia. Porque sé que no soy más fuerte que ellos, que aspiraré a más sin pensar en gente que no conozco. Porque las guerras actuales y los conflictos, me pillan muy lejos y creo que no van, egoistamente, conmigo; porque soy capaz de mirar hipócritamente a otro lado cuando me cruzo con una mirada que esconde detrás un olvido; porque ahora me planteo la injusticia y me duele, pero mañana me acostumbraré y me inmunizaré contra cualquier tipo de sufrimiento ajeno. Porque no saldré de mi círculo, y no renunciaré a mi comodidad por rebelarme contra lo que ahora no creo. Porque sé que no voy a hacer nada, no sólo por no saber hacerlo, si no por pereza o simplemente porque los demás no lo hacen. Porque tristemente sé que quienes me dicen que el ser humano es frágil, tiene razón, y yo no soy diferente. Porque calmaré mi remordimiento protestando contra los que gobiernan este mundo, desde mi sofa con una taza de sopa caliente en mano...
...porque mañana o pasado me levantaré y todo esto se me habrá olvidado.
Adios moto, hola coche!

Siempre quise una moto, porque soy muy floja, y mi madre nunca quiso que tuviera una, así que me resigné a esperar ser mayor de edad para tener un coche. Aunque luego la cosa se liara un poquito, ya tengo fechas para sacarme el preciado carnet. La verdad, es que no me preocupa demasiado ahora, porque mis amigos, también en la onda del boom automovilístico típico de la edad, o lo han conseguido ya, o están en proceso. Así que yo me apunto al estilo de vida de Dory, de gorrona total.
Eso hemos sido todos mucho tiempo con la moto de BODS. La pobre desde que la conocemos se convirtió en Taxi-BODS, y nos recogía y nos llevaba a cualquier sitio y a cualquier hora porque no sabía decir no. Y a menudo, nadie le pagábamos la carrera. Descaradamente nos aprovechábamos de ella, pero siempre desde el cariño. Ella era prudente, y siempre cargaba con los dos cascos para alguna de nosotras. Si íbamos todos a algún sitio, y la mayoría tenía que ir en bus porque Taxi-BODS solo tenía una plaza, ya me las arreglaba yo con ese encanto heredado de mi madre, para que esa plaza fuera mia. Ains!! ¡Qué tiempos aquellos! Y digo aquellos, porque ya jamás será así. Ha pasado lo que suele pasar en ciudades como la nuestra donde la delincuencia es el pan nuestro de cada día. Es jodido salir de marcha por la noche con tu ilusión de conocer a gente, quién sabe si ligar... y volver a tu casa, no solo sin ligue, sino sin tu preciada moto, sin las llaves de tu casa, sin tu cartera, etc.
Creeme, BODS, que todos sentimos mucho su pérdida y mantenemos la esperanza de que no la hayan desvalijado aun, y puedas recuperarla. Por tu bien, y por el nuestro. Aunque como dicen por ahí, cuando se cierra una puerta, se te abren otras. Y a ti, hace tiempo que se te abrió la puerta de la autoescuela, y si no recuerdo mal, el 23 la de la DGT. Todos te estaremos apoyando para que con éxito, superes las pruebas pertinentes y el hueco que deja la ausencia de tu moto, sea rellenado con un coche de cuatro plazas. El destino es caprichoso, pero no nos lo niegues.
Para que veas que apoyo tu causa, en este post dejaré las referencias de tu moto, por si algun alma caritativa puede ayudarte. Aunque, no creo que esta página sea leída por mucha gente, pero bueno, que no se diga que no te ayudé. También se puede ver la foto.
La moto de mi amiga BODS, es una "VESPA PIAGGIO MATRICULA C-6811BHR COLOR BLANCO PERLA".
Mucha suerte amiga, nosotros nunca olvidaremos tu moto,... Seguro que las otras motos que puedan reutilizar sus piezas, sentirán el alma que habitaba en ella.
Metamorfosis
Se acaba el día. Veo un poco de tele basura hasta que decido que ya no me da más. Tengo el portátil encendido, reviso si tengo correos nuevos y si hay alguien interesante para contarle mis penas del día. Suerte, lo hay. Hablamos, me desahogo rápidamente y encuentro lo que busco, que me den un poco de ánimos. Aunque no han sido suficientes. Me meto en la cama apagada, triste y decepcionada. Pongo la radio, pero a estas horas sólo hay programas de deportes, música que ya me cansa y una emisora que debe ser cristiana porque no dejan de rezar el Ave María, una y otra vez, querrán que se quede bien grabado en el subconsciente de los insensatos que se quedan dormidos escuchando la radio. Decido rendirme al encanto de Albert Camus, pero no duro demasiado porque estoy algo cansada, aunque mi mente no me deja descansar dándole vueltas a todo. Me odio. ¡Desconecta!
Caigo en un sueño profundo. Morfeo hoy me invita a ser protagonista de una historia irreal pero con personajes reales y escenarios coherentes. Me despierto sin ganas. Es temprano y debería ponerme a estudiar. Me inunda la sensación de que todo es lo mismo. Necesito un cambio. Mi mente repasa mi pasado, sobre todos mis errores. Me deprimo más. Me doy cuenta que siempre cometo los mismos. Dejo pasar los momentos. Empiezo a echar de menos, a querer rectificar, pero es imposible.
Me levanto. Desayuno en compañía y vuelvo a mi habitación. No me interesa lo que estudio y me entretengo con todo. Es una lucha constante entre mi responsabilidad y mi pasotismo. Me agoto y me aburro. Conseguir dos horas de concentración me ha costado, pero finalmente desconecto de todo y mis ojos se cierran.
Veo imágenes de lo que me gustaría haber sido. De lo que nunca consigo ser. Busco el problema. Yo. Tengo miedo de que se repita más veces a lo largo de mi vida. No puedo consentirlo, pero en el momento no se evitarlo. Se suceden en mi cabeza las voces de quienes me decían lo que me cuesta escuchar. Tienen razón. No tengo justificación. Me siento una persona débil en un disfraz de dura. Noto que estoy perdiendo el tiempo continuamente. Busco soluciones que luego no sirven. Me agobio.
De repente abro los ojos. Grito en mi interior, ¡se acabó! Necesito un cambio, lo se. Pero más necesito mantener la voluntad de llevarlo a cabo. Tengo que partir desde cero. Voy a renovar mis costumbres, mi día a día. No puedo dejarme vencer por las adversidades. Por nadie. Tengo que sonreír un poco más, reencontrar la intención. Me centro en mis objetivos. Me trazo una estrategia. Este escenario hostil no puede acabar con mis buenas intenciones. Y no va a hacerlo.
Una ducha que me despeja. Abro la ventana, dejo que el aire fresco entre y me espabile. Energías renovadas. Y pequeñas misiones que cumplir. Por algo se empieza. Necesito rodaje. Movimiento. Actividad.
Mi expresión ha cambiado. Mi mirada es canalla y segura. Sé que no será fácil, pero no quiero rendirme. Si me hundo, volveré a renacer cual Ave Fénix, de mis propias cenizas. No quiero compasión. Lástima o preocupación de nadie. Estoy decidida a salir del hoyo, como lo hice otras veces.
De fondo escucho la pieza de canción: “Ni siquiera sé si sientes tú lo mismo”. Pienso en él, sonrío. Y noto que he sido capaz de cambiar el rumbo de mi día. Hasta el cielo se ha despejado. El mismo árbol de siempre que se insinúa tras mi ventana se agita con fuerza, pero se mantiene. Justo como yo.
Ahora sí soy capaz de hablar con sentido.
Una Simple Historia
Cuentan que era alguien con dobles caras, una persona escondida en mil y un disfraces para cada ocasión. A veces la vida se le volvía una cuesta arriba infinita, llena de baches. Creía caminar sin compañía por esos senderos sinuosos. Un golpe tras otro. Muchas caídas y ninguna mano que le ayudase a levantarse de nuevo y quitarse el polvo de las vestiduras. La esperanza y la ilusión eran palabras que carecían de un verdadero significado, pero de cara a la galería tenía que fingir que las conocía bien.
Si te parabas a observar qué escondía detrás de esa mirada triste, encontrabas a una niña en el cuerpo de una mujer. Una niña indefensa, asustada y desbordada, a la que el personaje que le había tocado interpretar le quedaba aun muy grande. Podías leer en sus ojos el miedo y muchas preguntas sin respuesta. Cuando su alma las gritaba fuerte, el silencio era soberbio. Rodeada de gente y sin poder hablar con nadie. El pánico, las apariencias… le impedían salir de ese círculo.
Se perdió en el camino. Se dejó arrastrar por los acontecimientos. Dejó de quererse, si es que alguna vez se quiso. Pedía gritando en silencio auxilio, pero nadie la asistía. Tanto fue así que con el paso del tiempo perdió toda esperanza y se abandonó por completo. Empezó a hacer tonterías para llamar la atención, pero nadie se daba cuenta. Se acostumbró a la invisibilidad.
Se volvió una persona fría, inmadura y soez; al menos, en apariencia. Pensaba que quizás, si se hacía la fuerte delante de todos, la respetarían y nadie más podría hacerle daño. Una mentira dicha cinco veces en voz alta se convierte en una verdad. Si alguna vez tuviera que rendir cuentas, culparía a las circunstancias, pues era el camino más fácil y cómodo, que además la liberaba de toda responsabilidad. “Soy un producto, consecuencia de lo que me ha tocado vivir”, se repetía.
Hasta entonces se había movido bastante bien por los distintos escenarios. Nadie reconocía el papel que interpretaba y eso le bastaba para seguir. Pero sin quererlo, como suelen pasar las cosas importantes, aparecieron en su teatro de la vida unos nuevos personajes. Personajes que no esperaba, pero que destrozaron el muro que con tanto esfuerzo le había costado construir con los años, sin apenas esfuerzo. Bastaba una mirada, un guiño para quedarse indefensa. Sentía una mezcla de curiosidad y miedo a dejarse descubrir, a abrir la puerta de sus sentimientos. Era difícil describir el poder de atracción que habían ejercido en ella.
La primera reacción lógicamente fue de desconfianza. Estaba desubicada entre tanto huracán. Pero una voz en su interior, casi ahogada, le pedía que siguiera adelante, que se dejase atrapar por esas personas. Los nuevos y misteriosos personajes, cargados de sinceridad y desinterés, fijaron su vista en ella. Y no la dejaron escapar. No era amor ni atracción sexual. Era empatía, entendimiento, comprensión… y todo eso sin palabras. Sin apenas conocerla.
No tardaron en tenderle su mano, en ofrecer un hombro en el que llorar sin compadecerla. No dudaron en desmontar su película con verdades casi olvidadas. La respetaron y le dieron el valor para buscar el sitio que merecía, para que no se rindiera y no tirase la toalla a la primera de cambio. Largas noches a su lado escuchando la vocecilla que salía de su interior. Le enseñaron a pedir ayuda, a confiar de nuevo. A reencontrar la esperanza perdida.
Ella confió. Abrió su alma y mostró su parte oscura, tal vez en un intento de demostrar que no valía nada. No se alejaron, para su sorpresa, siguieron a su lado; la comprendieron sin justificarla, sin restarle la responsabilidad que le tocaba de los hechos. La sinceridad era su mejor arma. Quizás nadie entendió jamás lo que les unía, pero se hizo respetar. Con el tiempo, empezó a quererse, a luchar por ella misma. Y no dejó de sonreír, cuando lo hacía, allí estaban para recordarle que el Sol siempre volvía a salir. Se creó un lazo invisible que no se rompió jamás, ni en las peores circunstancias imaginables. Resistió como resisten las verdaderas amistades. Esas por las que nadie apuesta porque no se comprenden, porque se intenta ver interés pero que prevalecen para siempre.
No se sabe ya demasiado de lo que fue de todos ellos. Tan sólo se recuerda el rumor de una promesa que ahora nadie sabe explicar, pero que se mantuvo inquebrantable con el paso de los años, ya que jamás fue violada. Como debía ser. Como realmente fue.
Al toro, por los cuernos

En casa tenemos un pequeño problemilla. En ocasiones me parece un problemazo porque soy muy sensible. Para algunos que me conocen, ya saben de que hablo. Me estoy refiriendo al olor de mi hogar. Sin ánimo de ofender a nadie por las espaldas, la habitación de La Otaku desprende unos olores muy desagradables para nuestros olfatos. Tiene mucho que ver con su higiene corporal, pero en ese tema no voy a entrar, cada cual supongo que tiene sus costumbres. Que yo me duche diariamente, no quiere decir que todos los seres de la Tierra lo hagan, quiero creer. La cosa es que a los que convivimos con ella se nos hace un poco insoportable, y cada vez que abre su habitación, optamos por abrir de par en par la ventana del salón para poder respirar. Ya entenderán ustedes la consecuencia que tal hecho conlleva, es cuestión de segundos que ese aire helado entre y nos ponga a todos los pelos de punta y nos congele hasta el último pensamiento. Y, la verdad, yo ya he pasado por el molesto resfriado unas cuatro veces en menos de un mes, ya ni el Actimel me funciona. Contra este frio, no hay nada que hacer.
En realidad la culpa es nuestra. Sí. Nuestra. Vale que ella ventila poco, pero nosotras en todo este tiempo no nos hemos animado a hablar claramente del tema. Todo ha sido a base de indirectas, algunas bastante directas, pero parecer ser que o no lo capta o no lo quiere captar. Así que el mensaje se pierde entre el emisor y el receptor. Si al final todo es un problema de comunicación. Así de simple.
Hay que comprender que para nosotras no es nada fácil. Yo, tengo miedo de mi misma, porque a veces (casi siempre, antes de que me lincheis) tengo una forma de decir las cosas demasiado brusca, no lo hago queriendo, pero no controlo mi forma de ser sincera. Temo hacerle daño (tiene gracia, ¿eh? Ella me está estropeando mi pituitaria y yo, aun asi, le tengo pena), porque ella es algo tímida e introvertida; y a mi a veces me da que solo nos tiene a nosotras aquí, y no quiero que se sienta muy mal. Si en el fondo soy una blandengue, ya lo tengo dicho. Aunque, si tenemos claro que si nos decidimos a hablar, que será irremediable, tal y como están las cosas, tiene que ser las dos juntas (La Malota y yo), para que no piense que le tenemos manía o algo.
La foto que adjunto tiene algo que ver con el tema, pues aprovechando las mini-vacaciones japonesas que se permitió La Otaku, y en un brote de creatividad, quisimos decorar la casa, e hicimos dicho duende. Vale, vale, antes de que me lincheis de nuevo; no, yo no lo dibujé ni lo coloreé, ya sabemos lo torpe que soy, yo me dediqué a hacer el Sol, la hierba y la frasecita. Pero, ¡oye! también es complicado hacer eso, ¿eh? Íbamos a poner otra frase, porque no se si os habreis fijado, pero el duende tiene una cara de colocao que echa pa atrás, y como de olores hablábamos, pues... Pero fuimos buenas, y preferimos recordarnos a diario que tenemos que ser valientes y decirle de una vez lo que pensamos, pero no de cualquier forma. Porque, al fin y al cabo, quienes estamos perdiendo somos nosotras que no aguantamos más la situación.
Tenemos una empresa un poco incómoda por delante... ¿alguna sugerencia?
Aclarando dudas
Me veo obligada a dejar ciertas cuestiones claras, ya que el artículo del otro día ha creado cierta polémica y algunas preocupaciones en sectores muy cercanos a mi persona. Me estoy refiriendo a Una Simple Historia. Aunque quedaría muy trágico y sería un buen enganche pensar que tengo un pasado tormentoso y que eso me inspira para escribir, tengo que reconocer a mi humilde público que no soy la protagonista de la historia. Reconozco que puedo sentirme identificada en ciertos aspectos, pero en ningún caso soy esa persona ni ese es mi pasado. La historia, que a mi no me convencía demasiado ya que la hice en el momento, es completamente inventada más como un regalo para simbolizar una promesa, que por contar una realidad. Así que no quiero que nadie se escandalice ni piense nada raro. (Mamá, puedes dormir tranquila).
No intenten buscar a la persona que está detrás, porque como me dijo un amigo en un e-mail, soy una exagerada y he exaltado demasiado la situación. Pero es sólo porque escribiendo me gusta profundizar en los personajes, en cómo son y qué sienten. Quizás no sepa describir bien un paisaje, pero porque me interesan más las personas. Es pura invención. No existe tal personaje.
En el fondo me siento muy halagada, porque he conseguido que se metan en la pequeña historia y crean que es real. Tan real que han llegado a preocuparse por mi. Eso es buena señal para una aficionada a la escritura, ¿no?
Espero que sigan disfrutando de este rinconcito y pueda seguir emocionándoles, pero guarden cuidado. Aunque en todo lo que escribo, detrás haya viviencias personales directas o vividas muy de cerca, no sería capaz de desnudar mi alma de esa forma. Al menos, no todavía.
Espero que a partir de ahora, puedan dormir tranquilos. Yo por hoy, me retiro.
Gracias por seguir acompañándome en este viaje... ![]()
La Navidad ya está aquí
La Navidad ya se parece a un pesado que viene desde lo lejos a nosotros, y no podemos escapar de él porque ya nos ha visto. Queda aproximadamente menos de un mes para que empiecen las fiestas más consumistas de todo el año. Y es que el periodo de amor y de paz, ya no es lo que era. Esta sociedad tan avanzada tecnológicamente cada vez está más incomunicada y es más impersonal. Estas entrañables fechas (para quien lo sean), no se han salvado de tal contaminación. Es horrible.
Será que con la edad me estoy volviendo más escéptica y no soy capaz de ser partícipe de tales acontecimientos hipócritas. Porque, perdónenme, pero eso es lo que son. Dentro de cuatro semanas seremos mucho más felices que ahora, porque claro, comemos turrón y productos navideños que todo el mundo sabe que lejos de aumentar nuestra figura y nuestro colesterol, nos proporcionan un goce y una satisfacción por la vida inmensos. Nos reunimos con personas que puede que no veamos en los últimos once meses y como si nada, rebosando amor. Nos decimos que nos queremos mucho, cuando el día anterior nos poníamos verdes y encima a las espaldas. Sonreimos forzadamente y deseamos lo mejor a desconocidos que ni saludamos el resto del año cuando coincidimos con ellos en el ascensor. Mentimos como bellacos y gastamos como obsesos.Porque eso es lo que verdaderamente se esconde detrás, todos lo sabemos. El consumismo. ¿Quién disfruta en realidad estas fechas? Los niños, los comerciantes y los bancos. El resto, marionetas.
A mi me fastidia mucho que el sentido se haya perdido. Quizás venirme lejos me hace ser más consciente de ello. Yo no digo que nos reunamos todos frente al portal de Belén, ni loca. Para mi estas fechas no son más tristes ni más felices que otras. Es decir, no noto las ausencia de quienes nos dejaron por ser Navidad, las noto siempre que algo me hace recordar que se fueron. No quiero a las personas más esas dos semanas, las quiero de la misma manera que las quería en Abril o Junio. No me gusta que me obliguen a hacer regalos por compromisos, prefiero regalar cuando salga de mí.
Sí, me gusta reunirme con mi familia y compartir esos momentos, como cualquier otros. Pero no me gusta hacerlo por obligación, con personas de las que no se nada habitualmente y de repente reaparecen, porque es tiempo de amor y de paz. Me vale mucho más una simple comida sincera el 4 de agosto, en pleno calor andaluz, que tomar consomé en Navidad. No me gusta que las ciudades alumbren sus calles varias semanas antes, despilfarren energía y emitan gases contaminantes a la atmósfera, sólo por ganar un insulso premio a la mejor decoración navideña de un país. Demasiada arrogancia política, frente a tanta necesidad.
Lo siento, señores, pero este año, estas Navidades no voy a ser mejor persona. De hecho voy a seguir siendo como soy, con mis defectos y virtudes, e intentando pulirme. No voy a dejar de fumar, ni voy a empezar ninguna dieta estresante. Voy a seguir estando pendiente de los mios, como hasta ahora, y si tengo que mejorar que sea porque sale de mi, y no porque los Reyes pueden traerme carbón.
Pero tranquilos, para mi la esperanza no está perdida. Volveré a mi Tierra con la misma ilusión de siempre, para estar con los míos; y espero sinceramente, que sea el primer año en el que sea la única dueña de mi vida y mis decisiones. Cuando me siente a cenar con mi familia o me coma las uvas con mis amigos, no lo haré a disgusto; mi sonrisa será sincera si es que ese día me da por sonreir. Esperaré la llegada de los Reyes Magos, más por la espectación de ver a mis primillos con tanta ilusión y alegría, que por recibir nada. Y precisamente, por el deseo y la felicidad que provoca en ciertas personas, voy a participar sin faltar a mis principios de dichos momentos,...
...quizás sea yo misma la que le tenga que buscar un sentido.
¡Qué razón tenía!

Si hay algo que no puedo llegar a soportar y que me enerva la sangre es que me intenten ver la cara de tonta, y mira que no digo que no la tenga, pero hay demasiado listo por el mundo que se cree más de lo que llega a ser, y a mi no me la cuela. No hay nada más patético que alguien te sostenga una mentira con cualquier argumento cuando sabes perfectamente que no es verdad lo que te está diciendo. Sin embargo, yo a veces pienso que llegan a creerse tanto lo que te cuentan, que posiblemente no es que sea una mentira, es que la han convertido en verdad. A mi, como ya digo, me irrita. No soporto las mentiras, y menos las que son completamente innecesarias. El problema es que yo de ante mano, soy muy desconfiada, porque la vida me ha enseñado que el altruísmo es algo que se está perdiendo, el mundo se mueve a base de intereses, y no creo que os descubra nada nuevo. Además, por suerte o por desgracia, soy una persona que analiza muchísimo el comportamiento humano porque me fascina; pienso que el lenguaje corporal: las miradas, las expresiones, el tono en el que se habla, etc delatan mucho más que las palabras que se dicen. Hasta tal punto que a veces calo a la gente muy pronto, sobre todo a aquellas que usan disfraces para cada ocasión. Mi amiga Dory, siempre me está diciendo que soy una exagerada cuando le advierto que tenga cuidado con alguien, y tiene que reconocer que muchas veces, con el tiempo, ha tenido que darme la razón. De ahí salió nuestra frase más célebre, "yo no digo que nunca me equivoque, pero, ¿cuándo fue la última vez que me equivoqué?". Reconozco que es algo arrogante, pero nada más lejos de la realidad, lo dije en base a las experiencias. Ella sabe que en este tipo de cosas me encanta equivocarme.
Existe al menos una persona en el mundo que creo que ha llegado a odiarme, entre otras cosas por no poder colarme casi ninguna mentira mientras se metía a todos en el bolsillo. Le suele fastidiar bastante en mitad de su interpretación que yo no tenga ningún pudor, y en su presencia, en abrir los ojos al personal, aunque no siempre lo he conseguido, por desgracia y eso ha traído más de un disgusto. Y mira, que a veces, me he sentido culpable por no confiar más en ella, pero, ¿qué hago con ese malestar que me entra cuando algo no me está cuadrando? ¿Lo ignoro? No, yo sigo mi instinto, si me equivoco, intento rectificar. Sé pedir perdón (iba a decir "gracias a Dios", pero no, es gracias a las veces que he tenido que hacerlo).
Pero, no se confundan, no soy Dios ni mucho menos. Habrá mucha gente que me engañe descaradamente y yo sea capaz de verlo, ¡olé! por ellos. Mientras no me de cuenta, que sigan. Lo malo es cuando lo hago. Ese es el fin. Aunque no soy tan trágica, no soy persona de escenas histéricas y arrebatos. Yo soy tan extremista que directamente pongo fin, y que sigan con las mentiras, yo me hago inmune. No me gusta perder el tiempo con tontos de ese calibre. La gente que me conoce de verdad dice que soy muy exigente, principalmente conmigo, y en consecuencia con los demás. Evidentemente, sería hipócrita aborrecer a los mentirosos y ser uno de ellos. Por lo general, no suelo mentir, aunque alguna mentira piadosa sí que habré dicho, no voy a ser yo quien tire la primera piedra. Lo que pasa que algunos confunden engaño con mi derecho de contar mi verdad. Es decir, las personas tenemos el privilegio de elegir a quienes hacer partícipes de nuestra vida y milagros, así como de las pequeñas cosas, ¿o no? Es absurdo sentirse ofendido porque no haya contado algo y más si eres una persona que jamás da y siempre pide. Me gusta ser justa, no sé por qué, es una estúpida manía mía. En fin, quizás ese no sea el tema.
Pero bueno, no solo con mentiras se intentan quedar conmigo, hay más formas que igualmente me "molestan". Por desgracia, sé que tengo alrededor a algunas personas que actúan en el papel de mosquita muerta y cuando menos te lo esperas te clavan el aguijón. Lo bueno, es que las tengo localizadas y su veneno ya no me afecta en absoluto. Es más, me río. Porque lo intentan y lo intentan, y a mi me dan unas ganas tremendas de decirles que sé de qué van y que pierden el tiempo, pero es mejor no decirles nada y que se piensen estar por encima de todo. De ese modo, cuando vean que no es así, la caída es tremenda de lo alto que subieron. Personalmente me gusta tener los pies en la Tierra, las alturas, me dan mucho respeto.
De todas formas, me considero un perro que ladra y nunca muerde, porque a menudo a pesar de sentirme dolida o simplemente molesta por todo lo anterior; siempre intento buscar la explicación de por qué lo hacen (no con todo el mundo, sólo con quienes me merecen la pena), ya que en ocasiones, las razones pueden tener (y digo en ocasiones, tal vez en contadas) alguna justificación. De todos modos, no se agarren a eso conmigo. Yo valoro principalmente en una persona la sinceridad. Es más, aprecio mucho más a quienes no me tragan y actúan en consecuencia sin temor, que a los que dicen que "me quieren" y luego echan pestes de mí a las espaldas y de vez en cuando una puñalaíta a traición sin ningún decoro. Ainss, ¡qué gentuza!
Otra de las cosas que aprendí de mi abuelo es que es mejor hacerse el loco y parecer tonto y que los demás crean que lo eres, se vive más feliz.





