Noches de Insomnio

¿Nunca se les ha hecho una noche eterna? La mayoría de mis noches lo son… Ese silencio que envuelve el rincón de la tierra donde vivo me atrapa. Lo hace de tal manera que no me deja cerrar los ojos y abandonarme a liberar mi subconsciente. Tiene el poder de activar mi mente para impedir que descanse. No importa que haya dejado atrás una semana intensa y estresante en todos los sentidos. No importa que tenga la sensación de cansancio físico y mental. No importa que apenas sepa bien por qué escribo.
¿Por qué hace esto las noches? Unas veces me hace sentir la más valiente del Universo, capaz de hacer cualquier locura o heroicismo impropia de la Dyta que realmente soy, tanto que he llegado a pensar que si me dejase llevar por esos sentimientos exaltados, sería otra persona diferente. Otras veces me inspira y me invita a crear. Otras me hunde en mis errores dejándome sin fuerzas… y otras me hace sentir una extraña melancolía. Sea lo que sea en lo que me transforme, lo hace con una intensidad que no puedo ignorar. Es como si al cerrar la enorme puerta de mi habitación, me quitara la armadura y me volviera vulnerable. Y esa vulnerabilidad la utilizara la permanente oscuridad y grandeza del cielo acostado para herirme. Soy otra persona completamente distinta en la inmensidad de la noche.
Me culpo porque en estos momentos debería sentirme feliz, nerviosa por las próximas visitas de este puente. Necesito verles y reencontrarme con la persona que dejé en aquella ciudad. Sin embargo, en estos momentos todo tiene una lejanía que no consigo salvar. Este espacio se me hace pequeño…
Una carta… una carta que hasta ahora no he decidido que echaré a correos, ya era hora. Un pasado que decido dejar definitivamente atrás. Unos propósitos que sé que no cumpliré. Personas cuyo lenguaje ha dejado de seducirme para dar paso a un sentimiento de traición, de olvido. Un silencio ensordecedor. Un futuro incierto lleno de incógnitas. Libros por leer. Historias que terminar…
Hay quienes dicen que esta ciudad me ha hecho madurar antes, como si fuese un catalizador que hubiera acelerado mi proceso de crecimiento personal. ¡Qué vorágine! El ritmo es cada vez más intenso, más rápido… y a veces lucho por adaptarme, y a menudo aunque llegue tarde, llego.
¿Alguien me preguntó si quería crecer? ¡Es injusto! Yo cada vez menos, quiero adentrarme en el mundo adulto, aunque quizás me adentré hace ya demasiado. No, no se preocupen, no tengo el síndrome de Peter Pan, demasiado racional para caer en eso… pero me gustaría olvidarme un poquito de toda esta historia. Y recuperar mi inocencia, mi tristemente ya olvidada capacidad para sorprenderme y descubrir el mundo poco a poco, como si fuera un niño en el despertar de la vida, mi absoluta libertad… ¿por qué es imposible? ¿Por qué cambiamos perdiendo lo mejor?
Ains… No me hagan caso, porque la loca que hoy se dirige a ustedes, mañana volverá a colgarse su armadura y seguiré batallando como la que más, pero esta noche quiere pasar un poco de todo y perderse un ratito en este silencio.





