¡Qué razón tenía!

Si hay algo que no puedo llegar a soportar y que me enerva la sangre es que me intenten ver la cara de tonta, y mira que no digo que no la tenga, pero hay demasiado listo por el mundo que se cree más de lo que llega a ser, y a mi no me la cuela. No hay nada más patético que alguien te sostenga una mentira con cualquier argumento cuando sabes perfectamente que no es verdad lo que te está diciendo. Sin embargo, yo a veces pienso que llegan a creerse tanto lo que te cuentan, que posiblemente no es que sea una mentira, es que la han convertido en verdad. A mi, como ya digo, me irrita. No soporto las mentiras, y menos las que son completamente innecesarias. El problema es que yo de ante mano, soy muy desconfiada, porque la vida me ha enseñado que el altruísmo es algo que se está perdiendo, el mundo se mueve a base de intereses, y no creo que os descubra nada nuevo. Además, por suerte o por desgracia, soy una persona que analiza muchísimo el comportamiento humano porque me fascina; pienso que el lenguaje corporal: las miradas, las expresiones, el tono en el que se habla, etc delatan mucho más que las palabras que se dicen. Hasta tal punto que a veces calo a la gente muy pronto, sobre todo a aquellas que usan disfraces para cada ocasión. Mi amiga Dory, siempre me está diciendo que soy una exagerada cuando le advierto que tenga cuidado con alguien, y tiene que reconocer que muchas veces, con el tiempo, ha tenido que darme la razón. De ahí salió nuestra frase más célebre, "yo no digo que nunca me equivoque, pero, ¿cuándo fue la última vez que me equivoqué?". Reconozco que es algo arrogante, pero nada más lejos de la realidad, lo dije en base a las experiencias. Ella sabe que en este tipo de cosas me encanta equivocarme.
Existe al menos una persona en el mundo que creo que ha llegado a odiarme, entre otras cosas por no poder colarme casi ninguna mentira mientras se metía a todos en el bolsillo. Le suele fastidiar bastante en mitad de su interpretación que yo no tenga ningún pudor, y en su presencia, en abrir los ojos al personal, aunque no siempre lo he conseguido, por desgracia y eso ha traído más de un disgusto. Y mira, que a veces, me he sentido culpable por no confiar más en ella, pero, ¿qué hago con ese malestar que me entra cuando algo no me está cuadrando? ¿Lo ignoro? No, yo sigo mi instinto, si me equivoco, intento rectificar. Sé pedir perdón (iba a decir "gracias a Dios", pero no, es gracias a las veces que he tenido que hacerlo).
Pero, no se confundan, no soy Dios ni mucho menos. Habrá mucha gente que me engañe descaradamente y yo sea capaz de verlo, ¡olé! por ellos. Mientras no me de cuenta, que sigan. Lo malo es cuando lo hago. Ese es el fin. Aunque no soy tan trágica, no soy persona de escenas histéricas y arrebatos. Yo soy tan extremista que directamente pongo fin, y que sigan con las mentiras, yo me hago inmune. No me gusta perder el tiempo con tontos de ese calibre. La gente que me conoce de verdad dice que soy muy exigente, principalmente conmigo, y en consecuencia con los demás. Evidentemente, sería hipócrita aborrecer a los mentirosos y ser uno de ellos. Por lo general, no suelo mentir, aunque alguna mentira piadosa sí que habré dicho, no voy a ser yo quien tire la primera piedra. Lo que pasa que algunos confunden engaño con mi derecho de contar mi verdad. Es decir, las personas tenemos el privilegio de elegir a quienes hacer partícipes de nuestra vida y milagros, así como de las pequeñas cosas, ¿o no? Es absurdo sentirse ofendido porque no haya contado algo y más si eres una persona que jamás da y siempre pide. Me gusta ser justa, no sé por qué, es una estúpida manía mía. En fin, quizás ese no sea el tema.
Pero bueno, no solo con mentiras se intentan quedar conmigo, hay más formas que igualmente me "molestan". Por desgracia, sé que tengo alrededor a algunas personas que actúan en el papel de mosquita muerta y cuando menos te lo esperas te clavan el aguijón. Lo bueno, es que las tengo localizadas y su veneno ya no me afecta en absoluto. Es más, me río. Porque lo intentan y lo intentan, y a mi me dan unas ganas tremendas de decirles que sé de qué van y que pierden el tiempo, pero es mejor no decirles nada y que se piensen estar por encima de todo. De ese modo, cuando vean que no es así, la caída es tremenda de lo alto que subieron. Personalmente me gusta tener los pies en la Tierra, las alturas, me dan mucho respeto.
De todas formas, me considero un perro que ladra y nunca muerde, porque a menudo a pesar de sentirme dolida o simplemente molesta por todo lo anterior; siempre intento buscar la explicación de por qué lo hacen (no con todo el mundo, sólo con quienes me merecen la pena), ya que en ocasiones, las razones pueden tener (y digo en ocasiones, tal vez en contadas) alguna justificación. De todos modos, no se agarren a eso conmigo. Yo valoro principalmente en una persona la sinceridad. Es más, aprecio mucho más a quienes no me tragan y actúan en consecuencia sin temor, que a los que dicen que "me quieren" y luego echan pestes de mí a las espaldas y de vez en cuando una puñalaíta a traición sin ningún decoro. Ainss, ¡qué gentuza!
Otra de las cosas que aprendí de mi abuelo es que es mejor hacerse el loco y parecer tonto y que los demás crean que lo eres, se vive más feliz.





