Y mira que lo intento...
Hay veces que me levanto dispuesta a vivir de la mejor manera posible el día que me queda por delante, aunque mi ánimo no sea el mejor del mundo. Me propongo hacer el esfuerzo de no llamar la atención y cumpliendo los objetivos que me haya marcado, si es que lo he hecho. Después de mentalizarme de todo eso, salgo por la puerta. Y ahí empieza el mal día. Al bajar por las escaleras y encontrarme a las amables limpiadoras; ya me doy cuenta de que no va a ser fácil. Llego a clase tarde, aun habiendo salido 5 minutos antes de lo habitual, entonces me pregunto si es que en lugar de las 9 empiezan a las 8:30 y no me he enterado, que no me extrañaría nada. A partir de ahí, debe ser el aura negra o las malas influencias de una mala noche que transpiran por mi piel, pero todos lo notan y ayudan a que todo vaya de mal en peor.
En esos días solo me apetece llegar a mi casa cuanto antes, distraerme con algo y sobre todo poco contacto humano, porque por más voluntad que le pongo a salir del agujero, me van a seguir metiendo, asi que... Muerto el perro, se acabó la rabia. Yo se diferenciar cuando le estropeo el día a alguien de cuando me lo estropeo yo misma de cuando me lo estropean. Y una que es 0 en paciencia, termina explotando y mandando a todo el mundo a darse un lindo y fresco paseo. Dudo de todo lo que me cuentan, le saco la punta a todos los lápices y pongo todos los puntos sobre las ies. Si hasta las 5 de la tarde me han estado estropeando mi buen propuesto día, a partir del estallido, cuidado conmigo que vengo dando caña. ¡Así es imposible! Tengo fama de borde y de desagradable, pero por más que me propongo quitarme el dichoso cartelito, no puedo. ¡No me dejan! Esta vida no está hecha para los que tenemos buenas intenciones.
Así que no equivocaros, no es que yo sea una persona a la que tienen que darle de comer a parte, es que mi sensiblidad debe protegerse de tanta hostilidad, y este es mi mecanismo de defensa.
Hoy no estoy pá nadie...





